La violencia de género y la construcción de los vínculos amorosos

"Desaprender la mayor parte de las cosas que nos han enseñado es más importante que aprender" (Eduard Punset)

“Desaprender la mayor parte de las cosas que nos han enseñado es más importante que aprender” (Eduard Punset)

Sabemos que “la violencia de género se refiere a todo acto que se ejerce contra la mujer por el simple hecho de serlo y que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual, psicológico o emocional, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, y todo ello con independencia de que se produzca en el ámbito público o privado” (Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, Asamblea General de Naciones Unidas, 1993)

Efectivamente, reconocemos los signos de la violencia machista cuando deja marcas físicas en el cuerpo de la mujer maltratada. Sin embargo, en estos momentos en que rechazamos y denunciamos socialmente las muertes, violaciones y agresiones visibles, aún no podemos reconocer un tipo de violencia, mucho más frecuente y silenciada, más sutil e inherente a nuestra forma de vida, la violencia emocional.

Estas formas de violencia, definidos por Luis Bonino como “micromachismos”, son “pequeños” y cotidianos ejercicios del poder de dominio, comportamientos “suaves” o de “bajísima intensidad” con las mujeres. Formas y modos, larvados y negados, de abuso e imposición de las propias “razones”, en la vida cotidiana, que permiten hacer lo que se quiere e impiden que ellas puedan hacerlo de igual modo. Tienen como objetivo perpetuar la desigualdad en forma de poder-sumisión y se oponen a la posibilidad de cambio del mundo femenino en la sociedad patriarcal, muchas veces desde el mantenimiento de los roles femenino y masculino tradicionales que se transmiten desde el nacimiento durante todo el proceso de socialización por todos los agentes educativos.

Cuando se acerca por ejemplo la Navidad todos podemos observar los catálogos de juguetes que se ofrecen desde los centros comerciales, en los cuales pueden diferenciarse claramente las páginas dirigidas a las niñas (colores pálidos, rosas, con juguetes dirigidos al ámbito de lo privado, lo reproductivo, la intimidad, los afectos y cuidados, las relaciones) y las dirigidas a los niños (colores vivos, elementos dinámicos, juguetes dirigidos a la acción, al mundo externo, a la lucha, la competencia, la búsqueda de éxito y reconocimiento). Esto es solo un ejemplo de la adquisición diferencial de unos u otros valores según el sexo, que da indicios del poder desigual entre sexos, y está avalado por la literatura, el cine, la TV y las canciones.

En cuanto a la educación sentimental, el hombre ha aprendido que el amor aparecerá en sus vidas, como un producto de una buena conquista. Sin embargo, la educación sentimental femenina que hace referencia al amor se ancla en la idea romántica de la aparición del príncipe azul, perfecto, sin defectos, que dará sentido a su vida, que le complementará, tapará sus carencias y fortalecerá sus debilidades, le acompañará y protegerá durante toda su vida, le colmará de atenciones y detalles, cubrirá sus necesidades y adivinará sus deseos.

Durante el proceso de socialización aprendemos lo que significa enamorarse; qué sentimientos debemos tener (y cuáles no); de quién sí y de quién no debemos enamorarnos; qué o quién es atractivo y qué o quién no (lo cual suele coincidir con los patrones de rol de género tradicionales); y cómo debe ser la relación entre las dos personas de la pareja. Este modelo de Amor Romántico como modelo cultural de amor, implica para las mujeres una renuncia personal, un olvido ellas mismas y en ocasiones, una entrega total que potencia comportamientos de dependencia y sumisión al hombre.

La justificación y el mantenimiento de la violencia machista por ideas y mitos hoy presentes en la sociedad, tales como “el amor lo puede todo” o “ los celos son un signo inequívoco de amor”, constituye un peligro en la lucha contra la violencia de género y un freno en la construcción de relaciones amorosas saludables.

Obviamente estamos frente a un conjunto de creencias irracionales y mitos que representa un modelo de conducta imposible a seguir y, por tanto, que fácilmente nos llevará a desengaños y frustraciones. Y lo peor, a procesos de dependencia emocional en mujeres de todas las edades.

En la actualidad la idea generalizada de persona, como sujeto de derechos sociales e individuales, debería dar como resultado la construcción de un nuevo sujeto amoroso y erótico, que elige libremente compartir su vida o parte de ella con otro y otros sujetos amorosos o eróticos. Esta nueva fórmula podría ir acabando con el mito de la media naranja y con la injusticia de la complementariedad que nos percibe como “medias personas”. Somos personas sexuadas diferentes, no personas partidas por la mitad.

En resumen…

Los mitos del ideal romántico favorecen la desigualdad en la construcción de los vínculos afectivos de pareja, y la violencia de género es la consecuencia de esta desigualdad alimentada de falsas creencias transmitidas por todos los medios educadores y socializadores

La educación sentimental sigue basándose en la búsqueda del amor romántico, en lugar de enseñarnos a sentir lo que nos pasa, y que las emociones de amor no suelen ser perpetuas en todos los casos. Las relaciones entre hombres y mujeres tienen que avanzar, y despojarse de las características de dominio y sumisión en todos los ámbitos. Además de influir en la idea de amor romántico, para prevenir el maltrato conviene que las jóvenes aprendan a percibir los rasgos del sexismo entre sus iguales, el sexismo laboral, la falta de corresponsabilidad doméstica y familiar, y el machismo relacional, porque les van convenciendo de que todos estos aspectos las hace muy vulnerables para los abusos de género.

La educación que recibimos de nuestro macrosistema nos debería preparar para la vida de relación de pareja dentro de esta cultura de autonomía personal. Donde la garantía de felicidad no se entienda en lo que me proporciona el otro, sino en nuestra propia autoestima, autoconocimiento, autonomía y autoeficacia. Y todas ellas las proyectemos en forma de Relaciones de Buen Trato, de relaciones amorosas equitativas, sanas y saludables.

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