La resistencia al cambio

"No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo" (Einstein)

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo” (Einstein)

Parece que las personas en general no estamos demasiado preparadas para provocar cambios que mejoren nuestra vida. Nos resistimos a creer que nuestras actitudes, pensamientos, formas de estar en el mundo y la manera de relacionarnos con los demás puedan modificarse y solemos caer en la inflexibilidad de la idea “yo soy así, y punto”.

Sin embargo, sabemos que este pensamiento en demasiadas ocasiones nos limita, nos  genera problemas personales o interpersonales, o simplemente, nos provoca malestar o sufrimiento. Pero cuando tomamos conciencia de la necesidad de cambiar, nos encontramos con un proceso natural que ocurre tanto a nivel personal como organizacional: la resistencia al cambio. Ya en el siglo XVI Maquiavelo advertía que “se debe tener en cuenta que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más peligroso de manejar, que iniciar un nuevo orden de las cosas”.

Solo cuando la balanza se inclina hacia el cambio y nos sentimos capaces de emprender la tarea estaremos en una fase de preparación que va seguida de la fase de acción

Según el modelo de Rueda de Cambio de Prochascka y DiClemente, aplicada a la motivación para el cambio en conductas adictivas, pero igualmente aplicable a cualquier conducta, antes de iniciar acciones para desarrollar cualquier cambio, pasamos por una etapa de pre-contemplación, en la que no visualizamos de ninguna manera la necesidad de cambiar. Después de esta fase, aparece un periodo de  contemplación caracterizado por la ambivalencia  en que realizamos valoraciones la de las ventajas e inconvenientes de iniciar o no el cambio. Solo cuando la balanza se inclina hacia el cambio y nos sentimos capaces de emprender la tarea estaremos en una fase de preparación que va seguida de la fase de acción, con  la puesta en marcha de estrategias cognitivas, emocionales y conductuales para obtener el éxito. Cuando hemos conseguido un periodo estable en el funcionamiento del nuevo estilo de comportamiento, estaríamos en una fase de mantenimiento del cambio, que puede prolongarse en el tiempo, o puede verse interrumpido por deslices puntuales, o por una recaída que provocaría la vuelta a la conducta problema inicial,  retornando a la persona a cualquiera de las fases del ciclo o rueda de cambio.

Una vez que conocemos que es lo que queremos cambiar de nosotros/as  mismos/as, comprender lo que nos pasa en la etapa inicial de resistencia al cambio nos ayuda a generar la motivación necesaria para avanzar en el proceso de cambio. El miedo a lo desconocido, la falta de información y formación para cambiar, el pensamiento rígido, el miedo a fracasar en el intento, el sentimiento de amenaza ante la pérdida de privilegios, la aprobación de los demás, el temor a enfrentarse a dificultades o de ponerse a prueba, sentimientos de incapacidad, o resistencia a hacer el esfuerzo, son algunos de los motivos para negarse a establecer los cambios que por otra parte, consideramos positivos para nosotros/as.

Vencer todos estos monstruos sería la forma de darse a uno/a mismo/a la oportunidad de mejorar esos aspectos que van a promover nuestro desarrollo personal. Y la mejor manera de hacerlo sería valorando de forma continua nuestra manera de pensar, sentir y actuar en un entorno que nos exige una adaptación permanente.

2 Respuestas a “La resistencia al cambio

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