Humanizar el parto

Gracias a todas las personas que componen el Equipo de Maternidad del Hospital de Llerena, especialmente a Fátima, Jose Antonio y Guillermo,  matronas que me ayudaron a confiar en mi fuerza de mujer, en el instinto y en la capacidad de mi cuerpo para expulsar la vida.

Hoy vuelvo a publicar en el blog después de tres meses volcados en mi maternidad. Como mujer nacida en un país que ocupa el séptimo lugar del mundo en condiciones de salud, educativas, económicas y políticas[1], puedo sentirme afortunada por el desarrollo de mi embarazo, parto y maternidad. Aunque en mi entorno el proceso aún está muy medicalizado y las tasas de cesáreas son demasiado elevadas, lo cierto es que he podido sentirme protagonista en un parto también humanizado.

La forma en cómo se trata a la mujer en el momento del parto condiciona totalmente el progreso del mismo.

En el parto humanizado, además de los aspectos que dependen de la tecnología y de las posibilidades y servicios con las que cuenta el propio hospital o centro médico, la actitud del equipo sanitario es determinante. Entre la ansiedad del momento, las contracciones, el dolor, la monitorización, la dilatación y la epidural, se encontraban también las personas. Especialmente la calidad humana del matrón que me ofrecía la seguridad, la intimidad y el apoyo emocional que son tan necesarios en esos momentos.

Entender el parto como una situación instintiva, sana y natural permite al profesional ofrecer información, mostrarse cercano y tranquilizador. Y una vez que se produce el nacimiento, el hecho de facilitar a los padres un ambiente íntimo y adecuado es indispensable para el establecimiento del vínculo, tan necesario para el desarrollo emocional del recién nacido.

Establecer un estilo de apego seguro es una tarea que comienza en el nacimiento y se prolongará durante toda la vida, y los primeros meses de adaptación al entorno son cruciales tanto como para el bebé como para la madre y el padre. Con 16 semanas de baja maternal, las mujeres españolas aún estamos lejos de alcanzar las condiciones de otros países como Noruega, Suecia, Dinamarca o Finlandia, donde las bajas laborales duran en torno el año y tienen más en cuenta el papel del padre en los primeros meses de vida del bebé.

En Suecia, las madres pueden disfrutar de  480 días de baja laboral y 60 días puede compartirlos con el padre.

Pero para personas de otros países no es tan fácil. No podemos ignorar que en otras partes del mundo  alrededor de 800 madres y 18.000 niñas y niños pequeños mueren cada día principalmente debido a causas prevenibles. Ser madre en Somalia, R.D. Congo, Mali o Níger puede resultar catastrófico y desalentador. En promedio, una mujer de cada 27 muere por causas relacionadas con el embarazo y un niño de cada siete muere antes de cumplir los cinco años de edad.

Una vez más se hace evidente la urgencia de acelerar el progreso en materia de salud y bienestar de las madres y sus hijas e hijos en el mundo.

[1] Decimoquinto Índice de las Madres Anual de Save the Children

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