Aceptar el suicidio

Decidió que no volvería a captar más momentos… y apagó su objetivo

Decidió que no volvería a captar más momentos… y apagó su objetivo

¿Por qué lo hizo? Esa es la pregunta que invade el pensamiento cuando el impacto de un suicidio nos desgarra. La tragedia se envuelve en desconcierto, angustia y rabia. La tristeza se entremezcla con el enojo hacia el “egoísmo” del suicida por rendirse sin la oportunidad de lucha. Para las personas cercanas, aceptar la pérdida y superar el duelo supone un reto especial, precisamente por la incomprensión del abandono por parte de la persona amada. Sin duda, es este un panorama en el que sobrevivir a sentimientos de negación y culpa no es fácil, y mucho menos ante la impotencia de no haber hecho lo suficiente para evitarlo.

Cada 40 segundos una persona se suicida en el mundo

El suicidio es la primera causa de muerte violenta, muy por delante de los accidentes laborales, de tráfico y los homicidios juntos. En el mundo se dan más de de 800.000 casos anuales, y eso que muchos no se contabilizan y se camuflan entre las cifras de accidentes para evitar la estigmatización. Según los datos publicados por el INE, en España se dieron 3.539 casos (7,5 cada 100.000 habitantes) durante el 2012, la mayor cifra registrada desde el 2005.

¿Por qué acabar con la propia vida en contra del instinto de supervivencia? ¿Hay algún motivo evidente para explicar el suicidio?

Son muchos y muy diferentes los factores que intervienen (culturales, sociales, psicológicos, e incluso parece que genéticos),  y no es fácil llegar a una conclusión sobre la causa por la que un ser humano decide quitarse la vida.

Lo primero que viene a la cabeza es que una persona con ideas autolíticas padece un trastorno mental. Esto es cierto, ya que entre el 80 y el 90% de los suicidas tienen historia de depresión grave, trastornos psicóticos, conductas adictivas, anorexia o trastornos de la personalidad. Sin embargo, en uno de cada cinco casos, se trata de personas sin ningún diagnóstico clínico que acaban llegando a la conclusión de que su vida no merece la pena ser vivida.

Las condiciones del entorno (dificultades económicas, normas sociales y culturales rígidas, o situaciones de tensión o exclusión) también pueden incorporar algún elemento más a sumar al riesgo de suicidio.

Algunos estudios apuntan a una relación entre los efectos de la crisis y el incremento del número de suicidios.

Pero en contra de lo esperado, situaciones de máximo sufrimiento no suscitan más suicidios. Si analizamos periodos históricos donde se han vivido condiciones muy desfavorables (guerras, pobreza extrema, epidemias, etc), no encontramos mayores tasas de suicidio que en sociedades con mejores condiciones de vida. Este hecho nos muestra cómo los factores personales son más determinantes que los factores externos a la hora de explicar las causas.

El factor más importante es la vulnerabilidad individual, marcada por la desesperanza hacia el futuro y una baja tolerancia a la frustración. Se trata de personas con un intenso sufrimiento interno, muchas veces no manifiesto, carentes de estrategias de afrontamiento ante conflictos.

Cómo respondemos a la adversidad, cómo superar un fracaso amoroso, la soledad, o el desempleo, pueden ser las claves para prevenir las tentativas de suicidio, también desde una perspectiva de género. En España, por cada cuatro casos tres son hombres, si bien es cierto que es superior el número de intentos no consumados por parte de las mujeres. Los métodos elegidos por los hombres suelen ser más violentos (horca o disparos), mientras que entre las mujeres son más frecuentes las tentativas de suicidio con métodos menos agresivos (cortes, gas o fármacos).

Es necesario tomar en serio a las personas que expresan su deseo de hacerlo.

La mejor prevención la aporta la red social de apoyo, junto al desarrollo de campañas desde las instituciones y a la mejora del sistema sanitario en la captación y seguimiento de los casos de personas que presentan signos. Y no hablo solo de la atención especializada de salud mental, sino de reforzar el primer nivel de atención, la atención primaria de salud, con programas de atención efectivos para personas de riesgo.

Un sistema sanitario eficiente puede reducir las tasas de suicidios en una población, ya que este es un problema de salud pública.

Hay que hablar del suicidio. No creo que sea cierta la idea extendida de que hablar del tema daría lugar a más casos. Una de las recomendaciones que da el INE es difundir información veraz, científica, disminuyendo el tabú y el estigma asociados históricamente al suicidio.

En cualquier caso, la única verdad que conocemos es que el suicidio es la consecuencia del ejercicio de la libertad personal sobre la propia vida.

La muerte silenciada

2 Respuestas a “Aceptar el suicidio

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