¿Cuál es tu historia de amor ideal?

Tómate un tiempo para soñar con el mejor encuentro amoroso que te puede ocurrir… ¿Cómo es tu historia de amor ideal?

Cada vez que alguien rompe uno de estos mitos, lo desnaturaliza, lo denuncia o lo detiene,  está contribuyendo a el cambio en la forma de entender las causas y las consecuencias de la violencia de género”  (Elena Simón)
Cada vez que alguien rompe uno de estos mitos, lo desnaturaliza, lo denuncia o lo detiene, está contribuyendo a el cambio en la forma de entender las causas y las consecuencias de la violencia de género (Elena Simón)

De entre todas las características de esa relación amorosa que imaginas, es seguro que se incluyen, sin que te hayas dado cuenta, algunos elementos sexistas propios del amor romántico. Si eres un hombre, tu aventura podría contener trazas de éxito, dominio, poder o fuerza (los pilares de la masculinidad clásica), y si eres una mujer es posible que en tu historia de amor estuvieran presentes la belleza, la sensibilidad, los afectos y el cuidado (pilares éstos de la feminidad clásica).

 La dificultad de detectar estos símbolos se explica porque estamos habituados a la exposición de estereotipos de género. La familia, la escuela, los medios de comunicación y otros agentes educativos nos los transmiten espontáneamente, disfrazados de aparente normalidad en una supuesta, pero falsa, cultura de igualdad de oportunidades.

 Nacer hombre o mujer determina nuestra forma de pensar, sentir y actuar en el mundo. Los derechos, privilegios o deberes de unos y de otras son atribuidos y aprendidos desde la desigualdad. Ciudadano no es igual que ciudadana, trabajador no es lo mismo que trabajadora ni padre es igual que madre. Reconocimientos y castigos sociales difieren en función del género.

 Este modelo de socialización sexista también conforma el paradigma amoroso entre hombres y mujeres. La educación sentimental sigue basándose en la búsqueda del amor romántico, eterno y complementario.

El hombre ha aprendido que el amor aparecerá en sus vidas, producto de una buena conquista. Sin embargo, la educación sentimental femenina se ancla en la idea de la aparición del “príncipe azul”, un ser perfecto, que dará sentido a su vida, le acompañará y protegerá eternamente, le colmará de atenciones y detalles, cubrirá sus necesidades y adivinará sus deseos.

 Aunque hombres y mujeres aman, lo hacen de forma diferente. Ya se han producido muchos cambios desde la cita de Nietzsche «La felicidad del hombre dice: yo quiero. La felicidad de la mujer dice: él quiere». Pero a pesar de los avances en la experiencia de pareja, vemos cada día como se siguen reproduciendo formas de relación poco equilibradas.

“Quién bien te quiere te hará llorar”

La masculinidad  justifica la violencia y la feminidad se asocia a la dependencia emocional. Si a ellos se les educa para ejercer la violencia varonil, a ellas se las educa para aceptar las amenazas, intimidaciones y chantajes realizados “en nombre del amor”, desde el agrado y la obediencia.

Y estas diferencias dan lugar a la violencia machista como mecanismo de mantenimiento del poder. En realidad, todas las desigualdades y discriminaciones generan violencia para perpetuar el sometimiento a través de amenazas y coacciones.

En el caso de las relaciones afectivas, la violencia tiene la función de mantener la jerarquía sexual, otorgando el dominio del varón frente a la sumisión de la mujer.

 La mayoría de las veces, no es necesario ejercer métodos violentos para mantener la posición de poder, ya que las mujeres asumimos fácilmente nuestro papel de obediencia y lealtad. No más que la expresión de formas “leves o invisibles” de agresividad, en caso de que se produzca un desajuste en la relación de poder-sumisión. Las formas más “graves y visibles” de violencia son la respuesta ante la impotencia de los intentos vanos de control de menos intensidad. De esta manera conocemos la violencia de género en su grado máximo de expresión, donde se encuentran las muertes y agresiones graves.

Pero no olvidemos que la violencia extrema se sustenta de esas otras formas de violencia emocional sutil que suele pasar desapercibida ante nuestros ojos.

El peligro se encuentra en la indefensión aprendida de las mujeres para evitar una agresión mayor a costa de una renuncia de su libertad y de su autoestima. Hasta que no rompen con el ciclo de violencia que las somete, no se dan cuenta de que sus heridas emocionales curan peor que sus marcas físicas.

Teniendo en cuenta que lo natural es el androcentrismo, sabemos que si la educación en igualdad no se trabaja de manera consciente, se reproducirán los esquemas sentimentales de género de la sociedad, con las consecuencias devastadoras que ello conlleva. Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, volvemos a hacernos eco de esta tragedia.

2 Respuestas a “¿Cuál es tu historia de amor ideal?

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