¿Qué deberían saber las jóvenes sobre el maltrato?

 

"Si te quieren, no te controlan"

“Si te quieren, no te controlan”

Con motivo del Día Internacional contra la Violencia hacia las mujeres, el pasado 25 de noviembre, tuve la oportunidad de participar en el acto de entrega de premios del VI Concurso Literario “Carta a un maltratador”. Al leer los trabajos de los más jóvenes, pude darme cuenta de que los adolescentes conocen la teoría y rechazan la violencia. Pero me pregunto si de verdad reconocen los signos del machismo como algo no natural. Me resulta contradictorio que hoy en día los niveles de machismo sean tan elevados en una generación que ha crecido en el s.XXI.

Lo que más me llamó la atención es que todos y todas hablaban del maltrato como algo no muy cercano a su experiencia. Los personajes de las historias eran mujeres y hombres adultos, matrimonios tristes y fracasados. El tipo de violencia que describían era la violencia física, de palizas, ojos morados,  muerte…

Conocemos la violencia de género en su grado máximo de expresión, donde se encuentran las muertes y agresiones graves. Pero no olvidemos que la violencia extrema se sustenta en esas otras formas de violencia emocional, sutil, que suele pasar desapercibida ante nuestros ojos.

La violencia machista no es solo un problema de parejas casadas que siguen perpetuando estos comportamientos con relaciones enfermizas. La forma más habitual de malos tratos a jóvenes es el dominio psicológico. Las chicas que sufren violencia emocional o sexual presentan mucha ansiedad, están sometidas a mucha confusión, y se debaten entre el amor y el miedo. El amor  hace que no puedan romper con su chico, y miedo les paraliza, conscientes de que hay salida, pero sin la capacidad suficiente de encontrarla.

Aunque han cambiado las formas,  la expresión y el resultado de la violencia siguen siendo los mismos:  el control sobre la ropa, el maquillaje, las amistades o dónde pasan el tiempo. Y las nuevas tecnologías constituyen una nueva herramienta de vigilancia para ejercer presión y control.

WhatsApp se ha convertido en un medio ideal para los celosos:   “Anoche estabas en línea y seguro que me estás poniendo los cuernos”. “No me quiere, ha leído mi mensaje y no me responde.”

Las agresiones físicas  son la consecuencia de mantener la relación amorosa cuando no se percibe o se justifica la existencia de esta otra forma de violencia más leve. Al principio de una relación,  un maltratador joven no necesita ejercer métodos violentos para mantener la posición de poder, ya que muchas chicas van a asumir por amor su papel de obediencia y lealtad. Sólo se producirán algunas agresiones “suaves”  si se produce un desajuste en la relación de poder-sumisión.

Las formas más “graves y visibles” de violencia son la respuesta ante la impotencia de los primeros intentos vanos de control.Hay que saber reconocer y romper estos “micromachismos” para evitar que se suban escalones en la intensidad del control.

En lugar de frenarlos, la chica, al igual que la mujer adulta, prefiere ceder “por no liarla”. La concepción de que no vale la pena polemizar cuando hay un problema de pareja les lleva a la sumisión y a la indefensión aprendida. De esta manera pueden evitar una agresión mayor a costa de una y otra renuncia a su libertad. Hasta que no rompen con el ciclo de violencia al que están sometidas, no se dan cuenta de que sus heridas emocionales curan peor que sus marcas físicas. Con el tiempo, muchas de ellas reconocen que si hubieran recibido golpes o palizas, habrían tomado la decisión de abandonar a su agresor. Lo grave es que han ocupado la mayor parte de sus vidas al lado de la persona equivocada a costa de su infelicidad y renunciando a su propio proyecto vital, víctimas de una brutal agresión emocional continuada.

Es muy importante conocer esta violencia y saber que se presenta envuelta por la normalidad, justificada y no rechazada. Además de influir en la idea de amor romántico, para prevenir el maltrato conviene que las jóvenes aprendan a percibir los rasgos del sexismo entre sus iguales, el sexismo laboral, la falta de corresponsabilidad doméstica y familiar, y el machismo relacional, porque todos estos aspectos las hace muy vulnerables para los abusos de género.

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