Cuando duele la vida…

El dolor enseñaba que una forma, aunque opaca, puede ser luminosa. Luis Cernuda

El dolor enseñaba que una forma, aunque opaca, puede ser luminosa. Luis Cernuda

15 de mayo de 2015: Día Mundial de la Fibromialgia y del Síndrome de la Fatiga Crónica

Sabemos que la experiencia de dolor es algo subjetivo. Más allá del conocimiento de los mecanismos que se producen a nivel de sistema nervioso, sabemos que cada persona experimenta  la sensación de una manera diferente. Hay personas que soportan mejor la intensidad de la señal dolorosa, el malestar o la duración que otras.

Existe un grupo de enfermedades o dolencias que provocan demasiado sufrimiento en las personas que las padecen, y que no siempre reciben una respuesta integral adecuada desde los sistemas de salud.

Algunas personas sufren de dolor crónico, sienten durante meses o años un tipo de dolor que persiste en el tiempo sin una causa orgánica aparente. Otro grupo amplio de personas, se estima que un 2- 3% de la población (sobre todo mujeres), padece fibromialgia, una enfermedad crónica que se caracteriza por la presencia de dolor en una serie de puntos específicos a nivel muscular y esquelético. Además del dolor, también son frecuentes otros síntomas como la fatiga, la dificultad para concentrarse, el nerviosismo, o el insomnio. Algunos estudios también la han asociado a personalidades exigentes, aprensivas, perfeccionistas y con bajas habilidades sociales. Este síndrome puede llegar a ser muy limitante, tanto a nivel físico como emocional.

La fatiga crónica, cuyo síntoma principal es el cansancio persistente, que no mejora con descanso físico, es otro de los síndromes que impide hacer las actividades físicas e intelectuales con normalidad.

La mayoría de las personas con trastornos de dolor crónico, fibromialgia o síndrome de fatiga crónica presenta un elevado malestar emocional. Un nivel de sufrimiento alto inevitablemente influye en el estado de ánimo, generando emociones y pensamientos negativos, depresión, ansiedad o miedo. En ocasiones, genera desmotivación, desesperanza,  y rompe expectativas vitales.  Esto suelo ocurrirles a personas que tienden a preocuparse en exceso y que centran la atención sólo en el dolor y en las limitaciones que la enfermedad les genera. Y pueden responder a su malestar con  agresividad, irritabilidad, quejas excesivas y llanto, o por el contrario, evitando la expresión de sentimientos y aislándose de su entorno.

Estar relajado, tener buenos hábitos de salud, seguir la medicación, estar ocupado e interesado en actividades, tener vida social y fomentar las emociones positivas, son factores que disminuyen la sensación de daño y permiten adaptarse de forma positiva.

Se ha demostrado que lo único efectivo para tratar estas enfermedades es el abordaje multidisciplinar, que incluye el tratamiento farmacológico, educacional, rehabilitador y psicológico.

Desde la psicología de la salud se puede mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por estas dolencias, facilitando el afrontamiento del impacto emocional, la aceptación y la adaptación a la enfermedad. Diferentes técnicas permiten cambiar hábitos, reducir el dolor, disminuir el nivel de estrés (que funciona como desencadenante de cuadros más severos),  y  modificar creencias o actitudes sobre la percepción del daño  y las limitaciones que la enfermedad genera. Aprender a convivir con la enfermedad y adaptar el estilo de vida a la realidad de cada persona son los objetivos principales de la psicoterapia para este grupo de dolencias.

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