La violencia de género: De la invisibilidad al asesinato

La celebración del 25 de noviembre tiene la misión de erradicar la violencia de género en el mundo y de extinguir la desigualdad y la discriminación hacia las mujeres. Movimientos sociales y asociativos hacen eco de la barbarie a la que está sometida la mitad de la población mundial y reclama cambios. Hace poco hemos asistido a la convocatoria del movimiento 7N en contra de las violencias machistas. Hoy por hoy, la violencia de género constituye un problema del que se habla y para el que se buscan respuestas.

Pero a pesar de todos los avances y recursos, lejos de resolverse, comprobamos como el problema se perpetúa, se hace crónico, y lo peor, se naturaliza como algo cotidiano, de forma que nos habituamos a recibir noticias de casos de asesinatos y otras formas de violencia machista.

¿Qué está pasando? ¿Por qué tantos asesinatos, asesinos y asesinadas? ¿por qué tantas agresiones que matan en vida? ¿Qué está fallando en un sistema social que presume de estado de bienestar y que recoge en sus leyes y en su constitución la igualdad de derechos y oportunidades?

Me parece imprescindible para entender la violencia de género, hacer una aproximación  al concepto general de violencia. En todas las formas de violencia, el objetivo es el sometimiento de personas o grupos. Todas las desigualdades y discriminaciones generan violencia para perpetuar el sometimiento a través de mecanismos de amenaza, coacción y fuerza de forma contundente y continuada.

Y la violencia de género, igualmente, se explica como el mecanismo para perpetuar la desigualdad entre los dos sexos, como la consecuencia del afán del sexo masculino por controlar el femenino, y de la adaptación del sexo femenino a mantener posturas de sumisión.

Desde una perspectiva amplia de la violencia de género,  que tiene en cuenta la complejidad y la variedad de manifestaciones, cada mujer puede posicionarse en un nivel diferente según  sus experiencias, opiniones, emociones y creencias en relación a la violencia de género, y cada hombre puede también situarse según el grado de responsabilidad ante sus actitudes para sus relaciones.

¿Cual es la situación de las mujeres en relación a la violencia de género?

situacion mujeres

El nivel superior, más pequeño pero muy visible, es de las mujeres asesinadas en manos de sus parejas o exparejas. En nuestro país, 48 en lo que va de año y casi 1.400 en los últimos 20 años. Son las que salen en los medios de comunicación; las que suman cifras malditas; las que son asesinadas por agresores a los que se condena y juzga; las que preocupan a los estados; y las que dejan hijos e hijas huérfanos o en manos de asesinos. Cada vez que somos conocedores de una más nos sobrecogemos, denunciamos, salimos a la calle y nos preguntamos qué está pasando.

Pero la gran mayoría de víctimas de la violencia machista son las que, sin llegar a ser asesinadas, sufren el maltrato en sus vidas tanto físicamente, como emocional y sexualmente. Las que se ven atrapadas en una vida de infelicidad. A pesar de las diferencias individuales, el hecho de vivir una relación con un maltratador gasta, debilita, deprime, envejece, aisla, cambia los ideales, el concepto de sí mismas, la autoestima, la sensación de autoeficacia y el significado de sus vidas. Estas mujeres  son capaces de recuperar su seguridad, sus aspiraciones y su vida a través de un proceso de empoderamiento que empieza con la ruptura de la relación y la puesta en marcha de medidas de seguridad y de autocuidados.

Está claro que casi todos rechazamos y condenamos estos niveles de violencia, pero el androcentrismo es resistente, y el machismo permanece disfrazado de neutralidad, de normalidad y de modernidad. Un nivel de violencia sutil o discriminación invisible es la que padecemos la mayor parte de las mujeres desde los denominados “micromachismos”. Son pequeños y cotidianos ejercicios del poder de dominio, comportamientos tolerados socialmente, suaves o de baja intensidad hacia las mujeres,  que están presentes en todas las esferas de la vida (social, educativa, laboral, económica, política). A través de ellos se perpetúan estereotipos de género y se consolidan actitudes tanto en mujeres como en hombres que impiden avanzar en igualdad.

Es devastador el efecto que la violencia tiene en las mujeres, y es imprescindible ofrecer una respuesta de calidad para las sobrevientes. Sin embargo, la mejor manera de contrarrestar la violencia de género es prevenirla tratando sus orígenes y sus causas. Los menores son muy vulnerables a las consecuencias de la desigualdad de género en sus vidas, sabiendo que esta desigualdad es el caldo de cultivo para la violencia de género.

Y si la causa de la violencia de género es la desigualdad, la causa de la desigualdad es la educación.

Por eso, una vez más, insisto en que la clave está en eliminar los estereotipos de género que nos atrapan a hombres y mujeres y que nos limitan opciones de vida. Debemos poner el foco de atención en cómo se manifiestan estas desigualdades y cómo se produce la transmisión de roles en los y las jóvenes.

Los adultos somos una referencia para los menores y es nuestra responsabilidad enseñarles a no asociar los valores masculinos a la dureza emocional, a la fuerza y al uso de la violencia y los femeninos a la sumisión y a la desprotección. Hemos de  enseñarles a amar desde el respeto y las relaciones de igualdad y de buen trato, a sentir lo que les pasa, a gestionar sus emociones y resolver sus problemas con éxito para avanzar y permitir avanzar a sus parejas a lo largo de sus vidas.

 

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