MUJERES Y FUMADORAS ¿ÉXITO O FRACASO?

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LAS MUJERES PENSARON QUE FUMAR LES PROVEERÍA DE LOS MISMOS DERECHOS QUE LOS HOMBRES, PERO LA REALIDAD ES QUE SOLO RECIBIERON SUS ENFERMEDADES.

A pesar de las evidencias de lo perjudicial del tabaquismo, como conducta tóxica y adictiva, las mujeres cada vez fuman más. En España, incluso después de las mejoras conseguidas en los últimos años, una cada cinco mujeres es fumadora habitual, y este porcentaje aumenta en las más jóvenes. La última Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES, 2014-2015)  refleja que el 33,2% de las chicas de entre 14 y 18 años consume tabaco frente al 29,6% de los chicos.

La publicidad del tabaco consiguió con éxito vender su producto a los colectivos más débiles o vulnerables: menores, mujeres y clases desfavorecidas. Una vez más las mujeres ocupamos posiciones de desigualdad con respecto a los hombres. Esta vez como las principales afectadas del sufrimiento causado por el tabaquismo.

El tabaco es uno de los productos más utilizado por la publicidad para marcar los estereotipos de género .Los valores que han definido al hombre fumador a través de los medios de comunicación son la fortaleza, la virilidad, y el poder.

En el momento de generar deseabilidad hacia un nuevo modelo femenino, las campañas publicitarias presentaron a la mujer fumadora con valores de modernidad, independencia, sofisticación, emancipación, rebeldía y aventura. Estas características de “mujer fatal” o de “mujer liberada” aportaban éxito, atractivo sexual y un falso control a las exigencias de belleza, esbeltez y feminidad del modelo tradicional.

Una prueba de que las mujeres fueron el objetivo central de la industria del tabaco, fueron las campañas de tabaco light, con las que se respondía con una falsa apariencia de seguridad a la preocupación de las mujeres por el control de peso y el riesgo para la salud.

  • Los factores asociados al inicio del tabaquismo son diferentes en mujeres y hombres.Mientras la autoestima, el estrés, los problemas con el peso corporal y la preocupación por la imagen han sido los factores más influyentes en la iniciación en las chicas, en los chicos fumar forma parte de la búsqueda de nuevas sensaciones, factores profundamente marcados por los roles de género.
  • Esta tendencia de las mujeres a la internalización y de los hombres a la externalización también explica la diferencia en las motivaciones para fumar de mujeres y hombres. Tanto unos como otras fuman para reducir el estrés pero los factores desencadenantes son distintos.

Parece que mientras las mujeres fuman como reacción a experiencias negativas, los hombres lo hacen para aumentar sensaciones positivas. El hombre es consumidor social  en mayor medida que las mujeres.

  • Las mujeres están menos motivadas para abandonar el consumo de tabaco. Entre los motivos principales se encuentra el miedo a ganar peso, miedo a los síntomas de abstinencia y miedo al fracaso.
  • Las mujeres que deciden dejar de fumar, lo consiguen en menor proporción que los varones de su edad. Presentan más dificultades para hacerlo y recaen con más facilidad.
  • Mientras las consecuencias para la salud, en términos de morbilidad y mortalidad disminuyen en los hombres, siguen aumentando en las mujeres, que se iniciaron detrás de los varones. Esta tendencia se observa en enfermedades como EPOC, enfermedades cardiovasculares (primera causa de muerte en mujeres de países desarrollados), el cáncer de pulmón y otros tipos de cáncer.

La predicción de que «si las mujeres fuman como los varones, acabarán muriendo como los varones» hoy se corrobora en los países en los que las mujeres se incorporaron más tempranamente al consumo de tabaco.

  • En el ámbito de la salud sexual y reproductiva, el tabaco disminuye la fertilidad, aumenta el riesgo de embarazos ectópicos, abortos, partos prematuros y de nacimientos de bajo peso, y favorece el adelanto de la menopausia un par de años.

Además de los costes directos que supone para la salud de las mujeres, el tabaquismo recae sobre ellas también de forma indirecta: por un lado, por haber estado expuestas al tabaquismo pasivo en mayor medida que los hombres, no solo en el hogar sino en ambientes laborales del sector terciario muy feminizados, y por otro, como cuidadoras principales, formales o informales,  de otras personas enfermas por factores relacionados con el uso del tabaco.

Recordemos que el tabaquismo es la primera causa de enfermedad y muerte evitable en los países desarrollados. Ya hace más de 10 años que las políticas de prevención y control del tabaquismo se pusieron en marcha. Es evidente que los esfuerzos no han sido tan efectivos para las mujeres.  ¿Será que la conducta de fumar constituye para las mujeres un mecanismo para afrontar las desigualdades de género?

“La promoción de conductas saludables debe partir del análisis de las diferencias de género en las motivaciones y barreras para la adquisición de conductas saludables y diseñar intervenciones a medida con evaluaciones que tengan en cuenta este diseño. De la misma manera que la industria tabaquera ha sabido utilizar los estereotipos de género para aumentar el consumo de tabaco, la salud pública debe incorporar la consideración de las diferencias de género en las acciones encaminadas a la promoción de conductas saludables” (Nerín I, Jané M. Libro blanco sobre mujeres y tabaco.Abordaje con una perspectiva de género. Zaragoza: Comité para la Prevención del Tabaquismo y Ministerio de Sanidad y Consumo, 2007)

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