Cosas de mujeres… reunión de tupper-sex

“La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento”. (Carole Pateman, ‘El contrato sexual’, 1988).

Despedida de soltera. Sólo chicas. De 30 a 40, la mayoría. Típica y tópicamente, disfraces, maquillaje, música, juegos y sorpresas para la novia. Las que organizan deciden que sin “boys” (eso es cutre y además no queremos imitar el formato masculino-varonil con “girls” en el evento). Y a alguien se le ocurre que la mejor forma de introducir la temática sexual es con una reunión de Tupper-Sex antes de la cena. Podría ser divertido, excitante, y de paso, podemos conocer y comprar algo de lencería, cosméticos, juguetitos, etc. Vale…

Lo que podría haber sido una tarde de risas entre amigas, una oportunidad para el autoconocimiento y el empoderamiento sexual de la mujer, o un empujón para romper tabúes sobre la sexualidad en femenino,  fue realmente una prueba más del peso del androcentrismo en nuestras mentes y sobre nuestros cuerpos.

Con toda naturalidad y consenso, se volvía a posicionar al hombre en el centro del placer, y a la mujer, una vez más, como objeto para el deseo. Pasiva y cumplidora por mandato divino. Y desde los cánones del  amor romántico, exclusivo, monógamo y heterosexual, por supuesto.

La reunión comenzó con muestras de lencería erótica, la prenda preferida sobre el maniquí del cuerpo de la novia. “Si sales a cenar con tu pareja con esto, no va a esperar ni a tomar el postre, te va a arrastrar a casa… y ni postre ni copas…”  – perdona, asesora, ¿y si prefiero  tomar una copa y salir a bailar?-

Pero esto solo fue un entrante insulso de lo que venía después: El kit de 50 sombras de Grey… que incluía esposas con llave, antifaz, fusta… Lo necesario para teatralizar el comportamiento sexual con una espectacular- y muy natural- representación del dominio, el castigo, la manipulación y el maltrato.

En este punto quiero aclarar que el problema no es el sexo en sí, ni el erotismo, ni las fantasías sexuales que suscitan estos “juguetes”.

El peligro es disfrazar al machismo de porno en una escena que se muestra morbosa y glamurosa

Si una noche llegas cansada, te duele todo, o no tienes ganas ni de moverte, puedes atarte a la cama con las esposas, y dejar que él te lo haga todo” –  explicaba nuestra osada asesora, en un intento de comprender el rol de mujer moderna y sobrecargada dentro y fuera de casa, pero sin ser consciente de estar fomentando  la cultura de la sumisión, del autosacrificio  y de la violación con estos comentarios.

¿Por qué no, en lugar de esto, aprovechamos estos espacios para facilitar a las mujeres el permiso de estar cansadas y/o de no querer sexo,  liberándolas de la culpa y la vergüenza por no cumplir con los deberes de la buena esposa?… 

Después de esto, mi actitud y la de otras, molestas, generó una reacción que replanteó la orientación de la reunión, intentando añadir protagonismo al placer femenino. Aprovechando que tocaba mostrar geles, lubricantes, y juguetes sexuales, se habló un poco de las zonas de placer y de la anatomía genital femenina. Eso sí, hubo que aclarar que el clítoris es  un órgano completo y no un punto mágico. Y que el punto G no es un mito, sino que tiene una localización concreta. También hubo espacio para dar a conocer las bolas chinas, no solo como instrumento erótico sino para el fortalecimiento del suelo pélvico.  Y para normalizar el uso de la copa menstrual.

Me alivia pensar que esa tarde, la mayoría de las mujeres del grupo mantuvimos nuestra visión de la sexualidad, y nuestra forma de vincularnos afectiva y sexualmente. El encuentro, incluso, pudo servir para ampliar fantasías y probar alguno de los juguetes que adquirimos. O al menos eso quiero creer, a pesar de saber que en la esfera de la sexualidad, los mandatos de género siguen siendo potentes y rígidos.

En parejas heterosexuales, mientras el hombre aprende a darse permisos y a hacer crecer su masculinidad desde el disfrute,  las mujeres siguen ocupando lugares subsidiarios en su permiso para el placer, en pro de la disponibilidad para el otro.

Desgraciadamente, mensajes de este tipo calan hondo, y de forma muy destructiva en muchas mujeres, de cualquier edad y condición, que se identifican más con el modelo que establece como deben ser, lo que se espera y no se espera de ellas y lo que se espera y no se espera de sus parejas. O en mujeres que parecen estar cambiando el modelo pero que no lo transforman, que pueden parecer independientes, pero que no se han sentido aún protagonistas de su propia sexualidad.

Aprovechemos los grupos de mujeres para liberar y transformar desde la raíz la visión sumisa del placer sexual.  Desde la tolerancia, diversidad, individualidad y libertad. Desde todo aquello que nos posibilite la espontaneidad, el juego, las fantasías y el disfrute. Con asesoras formadas en sexualidad y en feminismo. Propongo que en la próxima despedida invitemos a gente como Las XL. Nos habrían enseñado mucho más, nos habríamos reído mucho más, y habríamos terminado la jornada con ganas de ser nosotras mismas y de darnos permisos para sentir, pensar y hacer lo que nos dé la gana.

 

 

 

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